Inicio English
Información General
Museo del Oro Precolombino
Museo de Numismática
Sala de Exhibiciones Temporales
Departamento de Educación
Turismo
Calendario de Actividades
Tienda
Galería de Fotos
Mapa del Sitio
Contáctenos
 
SUB MENU
Información General
Exposición Actual
Exposiciones Anteriores
Publicaciones
Artículos
Catálogos
Libros
Links de interés

Catálogos

  • HABITACIONES

>> Regresar al menú de Catálogos
 

Introducción

Si tomamos un diccionario, por ejemplo el Larousse Ilustrado y buscamos la palabra “Intimista: Dícese de la poesía y de los poetas que expresan en un tono confidencial los sentimientos más secretos del alma.”

Dentro de la representación artística en general, hay que mencionar un tipo de sensibilidad que se consagra a crear imágenes de temas de carácter íntimo.

En pintura se ha denominado “Arte Intimista” a aquellas obras que plasman lo “inmediato” del hombre, entendiéndose por ésto el espacio vital en que se desenvuelve y lo fugás de las escenas que ahí se desarrollan. Los representantes más sobresalientes, de esta tendencia, son los franceses Pierre Bonard (1867-1947) y Edouard Vuillard (1868-1940), quienes ejecutaron “interiores” bajo la influencia del “Impresionismo”. Sin embargo, hay que mencionar que mucho antes de que ellos lo hicieran, ya se habían representado temas de carácter intimista. Inclusive en algunas ánforas y estelas funerarias de la cultura griega se encuentran plasmados “temas de la cotidianidad del hombre”.

Un aporte importante se da en el seno de la sociedad protestante del norte de Europa con la obra del pintor holandés Jan Vermeer (1632-75);
 

Un aporte importante se da en el seno de la sociedad protestante del norte de Europa con la obra del pintor holandés Jan Vermeer (1632-75); quien logró plasmar la ambientación característica de su mundo privado, eternizando los momentos y el calor de las acciones ejecutadas, con una luminosidad que brinda placidés gracias a la entrada de la luz exterior a través de las ventanas.

Hay artistas que esporádicamente han representado temas de “interiores”; como es el caso de Vincent Van Gogh (1853-1890). Sin embargo, las pinturas de Van Gogh van mas allá de la representación temática ya que se internan a expresar su interioridad personal a través de cada una de las pinceladas. Van Gogh expone sus mismas entrañas en los diferentes temas de sus obras, por lo que es un precursor del movimiento al que se ha titulado “Expresionismo”. Podemos decir que este movimiento implica el grado máximo de “lo íntimo”.

Comprender “El Intimismo” como algo que capta el rapto fugaz de lo cotidiano y que puede sobrepasar lo concreto hacia lo subjetivo es lo más importante en este trabajo.

En Costa Rica -al igual que en la Historia del Arte en general- no se puede hablar de una escuela de Arte Intimista sino, más bien, de creaciones individuales. De artistas que mediante la utilización de diferentes medios profundizan dentro de su mundo personal que es a la vez expresión de un mundo más general. Algunos de ellos lo hacen como medio constante de expresión; para otros es una temática que se aborda en determinado momento ya sea por una necesidad interior de acercarse a lo cotidiano o como acercamiento estético en un momento dado.

Ante la posibilidad de abordar el tema de lo íntimo el artista toma su decisión de acuerdo a su manera de expresarse. El espacio puede ser representado con cierto apego a la realidad como un “lugar íntimo”, con aquellas personas o cosas que habitan en él. Puede implicar también la transformación de imágenes reales que den como resultado imágenes personales.

Con el fin de crear un orden en este análisis, se tratará lo íntimo en dos niveles que conllevan lo antes dicho:

  • La casa por dentro: El espacio en el que cotidianamente se desarrolla nuestra intimidad. Nuestro espacio físico personal en el que se mueven los seres y las cosas que nos son cercanas.
  • Nuestro espacio cotidiano como extensión de nuestro mundo interior.
  • Nuestra casa: El espacio que creamos basados en la imagen de “casa” que tenemos. Nuestro espacio interno en el que se mueven las imágenes reales para fabricar las propias. Nuestro mundo interno expresado a través de nuestro espacio cotidiano.

Esta clasificación puede plantearse de manera más exhaustiva y profunda, pero expresa a “groso modo” el sentido de lo íntimo, o el carácter de intimidad.

Con el primer nivel que se analiza, o sea: el espacio en el que cotidianamente se desarrolla nuestra intimidad. Comenzaremos una dinámica que nos traslade gradualmente del exterior hacia el interior.

La casa por dentro

Si de forma panorámica analizamos la relevancia que las “temáticas de carácter intimista, han tenido en las Artes Plásticas de nuestro país, tendremos que reconocer que la línea histórica general lleva hacia una prominencia de temas que dan más importancia a lo exterior sobre lo interior como es el caso del retrato y el paisaje.

Nuestro trabajo se va a iniciar con la “casa”, utilizando una definición que nos da de ella el filósofo Gastón Bachelard: “La casa es un cuerpo de imágenes que dan al hombre razones o ilusiones de estabilidad” Esta definición trasciende el objeto real mismo para traducir uno de sus significantes: la casa refugio. Pero, si tenemos un enfrentamiento en la realidad con una casa -no con “la casa”:

¿Qué nos dice ésta de su habitante?
¿De lo que éste siente?
¿De lo que éste piensa?


Basándonos en la representación plástica tradicional que se ha hecho de la casa en nuestro país (generalmente las casas rurales de adobe) podemos decir: que ésta pertenece a habitantes rurales de clase media baja, cuidadosos por lo limpia que nos luce la fachada; es posiblemente un “hogar”. ¿Pero nos habla de su exterior de la intimidad que adentro se desarrolla?

La fachada es parte de la vida pública del habitante, pero ésto no quiere decir que no pueda mostrar algo personal de éste. La casa lanza desde su interior signos, por ejemplo lo coqueto de las cortinas, una planta en la ventana puede hablarnos de cierto tipo de habitante y no de otro.

El espacio interior de nuestras casas está formado tradicionalmente por:

  • sala y comedor: habitaciones que no sólo se abren a la vida familiar sino también a la pública,
  • cocina: sitio que recrea muchas imágenes no sólo por los objetos, sino por los sonidos y olores,
  • dormitorio: sitio que permite que se desarrolle un mayor acercamiento con nosotros mismos, y lugar donde guardamos nuestras cosas más íntimas,
  • baño: sitio donde realmente podemos estar a solas, pero que es sin embargo público,
  • el jardín: es un sitio de intimidad de grupo y de contacto con la parte del exterior del mundo que nos pertenece.

No obstante esta distribución, todas nuestras casas son distintas ya que están pobladas de “objetos” elegidos por nosotros mismos que hablan de lo que somos: desde nuestro nivel dentro de la sociedad, hasta de sí ahí viven personas soñadoras, racionales, desordenadas, cuidadosas. Cada dormitorio habla a su vez del ser particular que lo habita. Cada casa es además concebida por cada uno de sus habitantes, no sólo en su estado físico sino emocional; no de acuerdo a los objetos que la pueblan, sino, de acuerdo a la vida que se desarrolla dentro de ella. Puede ser la “cárcel” que fabrica nuestra propia vida íntima o el “hogar” que brinda refugio.

La comunicación física de este mundo particular y familiar con el mundo “público”, se efectúa a través de dos elementos arquitectónicos: ventanas y puertas; que permiten el paso o que lo cierran.

Anteriormente mencionamos como la ventana permite que la intimidad se exteriorice. Ahora nos interesa la relación interna del habitante con la ventana. La ventana puede ser utilizada como elemento de composición o de iluminación o transmitirnos significados más profundos. La casa es quizás, el refugio ante la agresividad del mundo exterior y la ventana es el medio que nos permite comunicarnos con ese mundo, sin necesidad de adentrarnos físicamente en él.

La ventana puede actuar como un elemento nostálgico, es mirar aquello que va desapareciendo: por ejemplo un paisaje con casas de adobe. Puede servir también para reforzar lo que está adentro, lo que forma parte de nuestro mundo, lo que es estable.

Adentrémonos en las ventanas y las puertas de nuestros refugios de penas y alegrías. Hemos pasado al interior de la morada, a su intimidad.

El tema de la “casa por dentro” ha sido abordado por artistas de ambos sexos; pero si numéricamente tuviéramos que hablar de preferencias, es la mujer la que más asiduamente lo ha representado. Sabemos bien que el resguardo de la “armonía Interna” de una casa tradicionalmente se ha delegado en la mujer, por lo que esta preferencia, está lógicamente dentro del rol que a ella le ha correspondido.

La casa no es un lugar despoblado. La relación entre los seres que la habitan forma parte del mundo personal y lo determina.

Nuestra casa

En su “Poética del Espacio”, Gastón Bachelard dedica un capítulo al “nido” como imagen de refugio y al hablar de éste dice:

“La casa-nido no es nunca joven. Podría decirse con cierta pedantería que es el lugar natural de la función de habitar. Se vuelve a ella, se sueña en volver como el pájaro vuelve al nido, como el cordero vuelve al redil”.

“Si se vuelve a la vieja casa como se vuelve al nido, es porque los recuerdos son sueños, porque la casa del pasado se ha convertido en una gran imagen, la gran imagen de las intimidades perdidas”

Estas imágenes que nos transmite Bachelard en su “Poética del Espacio”, nos llevan a ahondar en una realidad más íntima, dentro de nosotros mismos. La imagen de “casa” no nos lo da solamente el espacio real en el que habitamos, es la idea de casa que tenemos y sentimos, aquella que está en edificación constante.

El pensamiento de Bachelard de que: “...cuando se ama una imagen, ya no puede ser la copia de un hecho” utilizado para la poesía, se aplica a todas las artes. El artista tiene el don de expresar en su obra, no sólo la descripción de lo que está frente a sus ojos, sino que puede plasmar el concepto que tiene de las cosas. La selección que de los espacios u objetos haga en su creación, se constituye también en un elemento de gran importancia para establecer una comunicación directa con el espectador.

En nuestro medio, pocos artistas expresan plásticamente la imagen que de su “casa interior” tienen como fruto de sus inquietudes, ensoñaciones o placeres. Los dos creadores que consideraré para evocar esta imagen son: Ana Griselda Hine y José Luis López Escarré. Ambos recrean el “rincón de intimidad”; a través de medios distintos y sobre todo mediante dos sensibilidades diferentes.

Ana Griselda Hine

Si tuviéramos que buscar un calificativo para englobar la obra de carácter intimista de Ana Griselda Hine, ésta sería “poesía”. Su obra, especialmente la efectuada en grabado en metal, es rica en imágenes evocadoras que de particulares son también nuestras.

La suya es la representación de la “casa primera” aquella que queda incrustada como parte de los recuerdos de nuestra infancia y que se torna en el lugar al que muchas veces regresamos en nuestros sueños. Es la casa que no puede ser destruida por el paso del tiempo, porque forma parte ahora del mundo de imágenes que constituyen un soporte fundamental para nuestra existencia.

Es inquietante penetrar en estos “interiores” ya que es hacerlo en nuestros propios temores. Sus grabados y dibujos no son visiones complacientes, distan de serlo y la artista lo sabe y lo busca, a través de dos características fundamentales que fortalecen la carga conceptual de sus obras y que son:

  • En sus grabados el uso tan sólo del blanco y el negro, confrontación que crea áreas de luz que se tornan inquietantes ante las sombras, y
  • la perspectiva utilizada -generalmente de arriba hacia abajo- que crea un ángulo de visión que despedaza la imagen, la deforma. Tocándolo al espectador completar todo lo fragmentado.
  • Cuando se presentan personajes éstos parecen flotar sobre las cosas.

Estas dos características dan a su obra carácter “expresionista”, por que no “surrealista”. Los objetos que aparecen en sus obras, no son aquellos con los que cotidianamente convive en su mundo real; son aquellos de sus recuerdos de infancia, que han sido vueltos a crear con el paso del tiempo.

Los habitantes que pueblan -algunas veces- la escena, son seres sin nombre que viven en un mundo sin tiempo. La intimidad se respira a través de las cosas, de los zapatos tirados en el suelo, las telas y prendas de colores, las patas torneadas de las sillas todo ello evocando lo femenino. Por los espejos que dan una ambientación de mayor inquietud al ampliar el espacio, los armarios plagados de secretos que se nos abren y nos hacen evocar recuerdos. Son casas de nostalgia y evocación, donde no existe ni tiempo, ni vida, están en un tiempo sin tiempo. La única presencia que los puebla es la nostalgia.

Las relaciones que de la obra plástica en grabado en metal y dibujo de Ana Griselda Hine se puedan hacer con las imágenes que el filósofo Bachelard plasma en su “Poética”, son inmensas, no porque haya conocido a nivel consciente, sino porque son sentimientos primarios en el hombre que Hine ha sabido plasmara buscando en los diferentes niveles de la intimidad del recuerdo; haciéndonos partícipes de evocaciones eminentemente humanas, tamizadas por una evidente carga femenina.

José Luis López


La temática de interiores del artista José Luis López, es al igual que la de Hine inquietante. Pero a diferencia de ésta, la suya es una obra “expresionista” por su color y por un movimiento interno de gran sensualidad técnica.

En sus óleos “el mueble” es el centro de interés y la ambientación se crea en la medida en que le da a éste vida. El mismo artista hablaba de su creación como un “homenaje al mueble”, homenaje que se constituye sobre la base de la realidad personal del artista, de los muebles que habitan en él, que le son bellos y que se tornan inquietantes. Su hogar real es transformado abriendo su espacio cotidiano a un espacio sin tiempo, en donde se produce una gran animación de las fuerzas que obligan a los objetos a cobrar vida. Todo es inestable, las líneas del piso, las paredes, todo agitado por un torbellino interior. Al ver sus mesas, sillas, sillones, no podemos menos que pensar en la “magia”, que forma un ingrediente tan importante de nuestra vida desde nuestros sueños infantiles.

Su obra tiene un alto grado de refinamiento estético, propio de un artista que conoce a fondo su oficio. Su mundo personal es un canto angustioso al placer de convivir con los objetos. López recrea su intimidad física y personal en cada uno de estos muebles y en cada una de las pinceladas.

Su obra crea imágenes coherentes con el escrito de Bachelard cuando éste dice que “..., en la casa natal se establecen valores de sueño, últimos valores que permanecen cuando la casa ya no existe. Centros de tedio, centros de soledad, centros de ensueño que se agrupan para constituir la casa onírica”.

Ileana Alvarado Venegas

Bachelard, Gastón. La poética del espacio. México: Breviarios del Fondo de Cultura Económica, 1983, página 48.
Ibidem. Pág. 133.
Ibidem. Pág. 134.
Ibidem. Pág. 47.
Ibidem. Pág. 47.