Estas palabras dichas por Platón hace más de mil años y mencionadas por Manuel de la Cruz González Luján en una de sus conferencias en Maracaibo, Venezuela, constituyen un marco perfecto para definir la trascendencia del arte no figurativo y en concreto del arte abstracto geométrico, fruto de la sociedad del siglo XX y que para el filósofo griego quedó en el mundo de las ideas, y por tanto, de las esencias.
La aceptación del arte no figurativo llevó sus años. Fue difícil para el mundo occidental romper con los moldes que le enseñaban a valorar el arte en relación con la representación que éste hacía de la naturaleza. Sin embargo, el denominado “arte abstracto” fue extendiéndose poco a poco y, aunque tardío en relación a su génesis, tendrá un desarrollo importante en América Latina.
El arte costarricense ha sido eminentemente figurativo y en el campo de la abstracción ha tenido más éxito la corriente expresionista abstracta que el arte abstracto geométrico. Es justamente por este motivo que la obra de Manuel de la Cruz González en esta última tendencia tiene gran relieve dentro del arte local.
Manuel de la Cruz es uno de esos artistas que, por su apertura, perteneció a dos importantes generaciones pictóricas de la historia del arte costarricense: primero, a la generación de los años treinta y, posteriormente, a la de los años sesenta.
Su carrera como pintor la inició en uno de los momentos más florecientes para el arte local, durante la generación de los años treinta, también llamada Nueva Sensibilidad, una generación que liberó tanto aspectos temáticos como formales.
Ya en esta época se hablaba de González como un pintor con una paleta de colores fuertes, encontramos aquí al colorista y, además, se observa por primera vez una tendencia a la representación de áreas cromáticas planas, que vistas aisladamente del contexto, dan la impresión de ser zonas abstractas. Un buen ejemplo de ello es la representación que el artista hace de la pared lateral de la casa de adobe en la obra “Paisaje” (1935), propiedad del Museo de Arte Costarricense, que habría servido perfectamente para la creación de una de sus lacas no figurativas de los años sesenta.
Además de su trabajo pictórico, González Luján se dedicó a la locución y desarrolló una extensa labor en Costa Rica, Cuba y Venezuela. Su trabajo como locutor hizo de su voz un arma con la que apoyó diversas causas, una de ellas su compromiso político con las ideas del doctor Rafael Angel Calderón. El desenlace de la Revolución del 48 en Costa Rica y la situación que para los perdedores calderonistas significó, lo hizo autoexiliarse y con ello, sin quererlo, significó el inicio de una nueva vida en tierras más fértiles para el desarrollo pictórico.
Precisamente, este nuevo camino que se le abrió con su partida de Costa Rica le dio la posibilidad de ser de nuevo pionero, ahora dentro de dos corrientes del arte no figurativo: el arte abstracto geométrico y el expresionismo abstracto.
Cuba fue el primer país que le dio acogida, aquí disfrutó de un período muy fértil para la creación. Pero, será su segundo destino, Venezuela, el país clave para la etapa que aquí nos interesa.
Venezuela y el Arte Abstracto Geométrico
El trabajo como locutor llevó a Manuel de la Cruz a este país suramericano en en 1950. Aquí encontraría un ambiente propicio para el quehacer pictórico.
Hablar de arte abstracto geométrico en Venezuela es referirse a uno de los momentos más importantes de la creación plástica venezolana y a una de las alianzas coyunturales más claras entre el arte y el Estado de un país de Latinoamérica.
El éxito de este arte racional en Venezuela está ligado con la riqueza generada por el petróleo y con la necesidad del Estado, y de las compañías ligadas a esta industria, de crear una imagen de progreso, tanto a nivel interno como externo. Por su parte, en el medio artístico empezaba a sobresalir una serie de creadores que deseaban romper con el arte tradicional y que se interesaban en el arte no figurativo y, muy especialmente, en las manifestaciones abstracto geométricas.
Algunos de estos artistas comenzaron a viajar a París. El primero fue Alejandro Otero, en 1949, seguido luego por otros. En 1950 se fundó en esa ciudad el grupo “Los Disidentes”, integrado también por otros creadores suramericanos; entre ellos Mateo Manaure, Alejandro Otero, Pascual Navarro, Luis Guevara y Carlos González Bogen,
El grupo publicó su propia revista llamada también “Los Disidentes”, donde atacaban fuertemente el provincialismo venezolano. Sus críticas pronto encontraron campo fértil para germinar, pues esta propuesta artística contemporánea estaba acorde con el deseo nacional de proyectar una imagen internacional, novedosa y vital. Así se iniciaron en Venezuela una gran cantidad de proyectos de los artistas ya mencionados, así como de muchos otros nacionales y extranjeros, que recibieron la oportunidad de efectuar sus propuestas en edificios y espacios públicos. Al extender el arte abstracto geométrico a éstos espacios, los creadores se vieron en la necesidad de buscar, por tanto, nuevos formatos, nuevas técnicas, nuevos soportes.
Como se ha mencionado, si bien Manuel de la Cruz González había mostrado en su trabajo anterior una tendencia y un interés por la abstracción, su estadía en Venezuela fue, sin lugar a dudas, determinante para su ingreso en el mundo de la no figuración, tanto en su vertiente abstracto geométrica, como en la expresionista abstracta. Las formas representadas se van simplificando poco a poco, hasta incorporarse en estructuras geometrizadas, como es el caso de la importante serie de mujeres “Goajiras” venezolanas. El paso hacia la no figuración estaba ya dado.
Durante los ocho años que vivió en Maracaibo, Manuel de la Cruz participó en exposiciones colectivas con los artistas más representativos del momento, Creó lazos amistosos con algunos de ellos, como es el caso de Mateo Manaure, Lía Bermúdez, Alejandro Otero y Jesús Soto . Llevó su actividad más allá de la mera presentación de sus obras, impartió conferencias y escribió textos de presentación para catálogos. Cabe mencionar, por ejemplo, el realizado para una exhibición de Jesús Soto.
El estudio de los escritos de artistas, tales como Wassily Kandinsky y Piet Mondrian, fue determinante para este ingreso en la no figuración y en la posibilidad de crear un mundo nuevo, basado en el número y la geometría como aproximaciones al cosmos. Como él mismo lo manifestó en una conferencia dictada en el Centro de Bellas Artes de Maracaibo, titulada “El arte como integración cósmica”.
“El arte Abstracto, propone en conclusión, una nueva fórmula estética como aquellas propuestas por el Greco, Rembrandt o Goya, a través de la cuál, el hombre se reintegre al infinito de manera más directa, hermanando sus postulados con el Pitágoras de la armonía universal,…”
Al inicio, sus obras de tendencia abstracta eran elaboradas mediante las técnicas tradicionales. Luego, las abstracto geométricas fueron concebidas para la técnica del laqueado (lacas) e implicaron una realización de acuerdo con nuevas pautas, que los artistas de la época consideraban como los avances técnicos del momento. El pintor seguía siendo el creador, pero la ejecución técnica podía ser realizada por otra persona, en este caso un laqueador, que trabajaba de acuerdo con el boceto suministrado por el artista.
Estas “lacas”, efectuadas a mediados de la década de los cincuenta en Venezuela y en la década de los sesenta, y hasta 1971, en Costa Rica serán pues, la entrada en un nuevo concepto de la creatividad y de la producción.
Este tipo de trabajo se concibe de la manera racional, tanto en su estructura como en la selección del color, con el deseo de encontrar un equilibrio en el diseño que emerge de un planteamiento geométrico o matemático. En su concepción, la emoción no se desborda sino, más bien, se encuentra contenida en el poder intrínseco del color y de la forma.
La obra resultante es el fruto de una paciente investigación que se efectúa, sobre todo, tomando como base la organización geométrica del espacio, con un entramado de partida del que irán emergiendo las formas. El proceso es lento y delicado. En algunos de los trabajos es también importante el denominado “número de oro”, del que parte para organizar el diseño del crecimiento armónico de los seres de la naturaleza, que se concibe en un número 1,614.
La Abstración en Costa Rica
Manuel de la Cruz ha sido uno de los artistas más influyentes sobre las nuevas generaciones pictóricas de Costa Rica. Su labor en el Grupo Taller, y después como profesor particular, tuvo como resultado lógico una gran influencia en el medio. Sin embargo, es interesante anotar que en relación con la abstracción geométrica, no dejó escuela alguna. Aunque de vez en cuando alguno de los jóvenes cercanos a él pintara una que otra obra dentro de esta tendencia, no se evidenció un interés por este tipo de propuestas, sino más bien por su veta expresionista abstracta, que es la que ha tenido mayor arraigo en el quehacer local de la generación anterior.
El camino no fue fácil para este importante y singular artista dentro de un medio pequeño y provinciano como el de Costa Rica. Él lo sabía bien como lo expresó e n su texto “El arte abstracto”, defensa ilustrativa del Arte Abstracto: “… el “Arte Abstracto” no es un camino fácil, sino el descubrimiento de la creación pura, podríamos llamarlo “la invención de si mismo”. Definitivamente, Manuel de la Cruz creó un mundo personal armónico en sus lacas, que no tiene relación ninguna con la dificultad de vivir en un medio aún predominantemente figurativo.
Ileana Alvarado Venegas
Resumen Bibliográfico
Arroyo, Miguel. Breve introducción a la pintura en Venezuela. Fundarte, 3era. ed. 1981.
Guevara, Roberto. Arte para una nueva escala. Maraven S.A. Filial de Petróleos de Venezuela S.A.
Zavaleta, Eugenia. Los inicios del arte abstracto en Costa Rica. Museo de Arte Costarricense, San José, Costa Rica.
Revistas:
LITERAL. Revista de Arte, Cultura e Ideas. Año 1, No. 1, 1993. SIDOR
LITERAL. Revista de Arte, Cultura e Ideas. Año 1, No. 2, 1993. SIDOR
Agradecimientos
Embajada de Venezuela
Dinorah Bolandi Jiménez
Mercedes González Kreysa
Eugenia Zavaleta Ochoa
Tomado de: González Luján, Manuel de la Cruz “El arte abstracto”, Defensa ilustrativa del Arte Abstracto.
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