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  • La Escuela del Sur
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La Escuela del Sur constituyó uno de los capítulos más importantes y únicos en la historia del arte moderno de América Latina. Su nombre surgió del título del ensayo germinal de Torres – García publicado en 1935 en Estructura. La ilustración para ese ensayo; el mapa de América del Sur invertido, de manera que el extremo de Patagonia señala al Norte, representa simbólicamente la idea de Torres García respecto a lo que deseaba lograr con la creación de La Escuela del Sur, acabar con el periodo colonial del arte latinoamericano y comenzar una nueva era artística independiente de Europa. El lema para este imagen es “Nuestro Norte es el Sur”. Este llamado de Torres – García a los artistas latinoamericanos para que se comprometieran con la experimentación formal que caracterizo el arte moderno, no solo aportó una nueva dimensión a la búsqueda de un lenguaje visual unificador para el continente, sino que también abrió las puertas para que los jóvenes artistas latinoamericanos se acogieran activamente a la modernidad.

La historia de La Escuela del Sur por consiguiente, nos ofrece un ejemplo concreto a partir del cual se puede analizar el carácter especifico de la vanguardia visual de América Latina y las condiciones que afectaron su desarrollo, así como estudiar hasta que grado el arte moderno fue utilizado en la definición y construcción de identidades regionales.

Nacido en Uruguay, Torres-García (1874-1949), se trasladó a España con su familia a los diecisiete años de edad. En 1934, después de permanecer cuarenta y tres años en Europa regreso a Montevideo con el propósito de desarrollar un nuevo lenguaje visual basado en su Constructivismo. Esta exposición muestra la obra del maestro y de los artistas que trabajaron junto a él a partir de 1935 cuando fundó la Asociación del Arte Constructivo (1935-1941), y más tarde el Taller Torres Gracia (1943-1962), y finalmente a los mas destacados artistas del Taller Julio Alpuy, Gonzalo Fonseca, José Gurvich, Francisco Matto, Manuel Pailós y sus hijos Augusto y Horacio Torres, quienes después de la muerte de Torres – García continuaron desarrollando un estilo personal dentro de los parámetros de sus teorías.

La primera parte de la exhibición traza los orígenes de La Escuela del Sur comenzando con el grupo de artistas de la Asociación de Arte Constructivo (AAC). Fundada en 1935, la AAC reunió a un grupo de artistas maduros y ya consagrados en el ambiente de Montevideo. Las actividades de la Asociación incluyeron la organización de varias exposiciones de arte abstracto, la publicación de la revista Círculo y Cuadrado; (la cual fue continuación de la revista Cercle et Carré fundada por Torres – García y Michael Seuphor en París en 1930), el estudio el arte indoamericano como punto de partida para una nueva estética americana, la publicación de manifiestos y escritos que proclamaban y defendían al arte de vanguardia. Durante los años de la preguerra, en las páginas de Círculo y Cuadrado se efectuó un vivo intercambio de ideas con artistas europeos de la talla de Jean Helión, Piet Mondrian y Georges Vantongerloo.

Torres fue uno de los primeros artistas que estudiaron la tradición indoamericana como punto de partida para la realización de arte moderno único y original del continente Americano. A partir de 1937, año en que Torres –García comenzó a construir el Monumento Cósmico (un muro en granito en el que en cada bloque inscribió signos), las obras de los artistas de la Asociación de Arte Constructivo tomaron un carácter netamente americano. Por ejemplo el Ídolo en granito rosa de Horacio Torres, o la pintura sobre cuero Indoamérica de Torres – García, o la Figura de Héctor Ragni. Para estos artistas existía una estrecha afinidad entre las artes geométricas de las culturas indígenas y el arte constructivo europeo. La concepción de un constructivismo autóctono, que precedió a la presencia europea en América fue la manera de establecer un puente entre las tradiciones del Viejo y del Nuevo Mundo tomando símbolos y formas pre – colombinas e integrándolas dentro de un esquema constructivo.

El gusto conservador del público y del ambiente artístico uruguayo opuso una decidida resistencia a los artistas de la Asociación del Arte Constructivo, desatando serias polémicas contra esta forma de arte moderno inspirado en le arte indoamericano, entonces poco conocido y exótico en un país donde las poblaciones indígenas habían sido exterminadas en el siglo pasado.

La historia y el final de la Asociación constituye un caso concreto de los problemas y limitaciones que encontraron los grupos artísticos de vanguardia en Latinoamérica. A pesar del fracaso de la Asociación de Arte Constructivo, hacia 1943 Torres- García se había rodeado de un grupo de jóvenes para quienes lo utópico de sus ideas no fue ningún obstáculo para la creación del taller Torres - García.

La segunda parte de esta exposición se centra en le surgimiento y desarrollo del Taller Torres – García. Como fiel expositor de la tradición vanguardista, Torres – García estaba en contra de las academias. El Taller fue para los artistas que lo integraron, un laboratorio para la experimentación en ideas, materiales, y técnicas nuevas y donde se produjo un importante y heterogéneo número de obras que incluyó pintura, escultura, cerámica, relieves en madera, hierro, cemento, muebles, murales y proyectos de arquitectura. Sin precedentes ni paralelos en Amerita Latina fue un modelo de comunidad artística integrada (Silla, Cerámica, Locomotora, Lámpara).

Hacia 1942 Torres comenzó a dar clases en su taller, frente a un modelo, en caballetes hechos por él mismo, enseñando a sus alumnos los rudimentos de dibujo y pintura e ilustrando las lecciones con sus propias obras que cubrían las paredes del taller.

El ambiente era parecido al de los talleres medioevales y renacentistas donde los alumnos trabajaban junto al maestro y por consiguiente existía un ambiente de interacción fértil y vital propicio para el ensayo y el aprendizaje. No existió un método de enseñanza preestablecido, el principal objetivo para Torres – García era la comprensión de la abstracción y la estructuración de la obra. Para él el término abstracción no significaba necesariamente la ausencia de representación, era más bien la creación en la obra de un valor plástico absoluto, sin imitar al modelo. Un buen ejemplo de este concepto es la Naturaleza Muerta El Día, 1946 de Julio Alpuy. Característica de este período, es la paleta “atonal”, en colores primarios, blanco y negro. La restricción en el color era una disciplina cuya finalidad era lograr una pintura que fuera planista, geométrica, simbólica y universal, ya que al aplicar el color puro, el pintor debe lograr un equilibrio de la obra graduando las masas de color, como se puede ver en la Construcción, 1938 de Héctor Ragni, y en el Constructivo en 5 colores, 1946 de Elsa Andrada.

Una característica esencial del espíritu de Taller era la adhesión a profundos principios morales. El primer encuentro con Torres – García lo recuerdan todos como una experiencia única, la revelación de un mundo y una manera de vivir dentro de un orden espiritual e intelectual. Según Julio Alpuy, el maestro les exigía una dedicación total, ya que para él, “antes había que ser, para poder hacer”.

La tercera y última sección de la exhibición incluye ejemplos de la producción más reciente de los integrantes del Taller. Se puede afirmar que el trabajo de estos artistas constituye una verdadera Escuela del Sur contemporánea; basada en la síntesis de elementos del pasado con los estilos y convenciones del arte moderno. Este trabajo se distingue por sus sistemas de abstracción constructivos, el énfasis en la superficie pictórica sensible, y por la afirmación de la fundación metafísica de la obra de arte, además de la meramente estética.

En 1948, en una de sus últimas conferencias, Torres – García, había instigado a sus alumnos a la búsqueda de su propio lenguaje artístico, “no tiene que ser esto ya mas una escuela… ahora tiene cada uno que caracterizarse bien, ser lo que es él”.

Para Julio Alpuy por ejemplo, en las obras de los años 60: La Tierra, 1963, Edén, El Jardín, 1964, la transformación que le condujo a un camino nuevo en su obra , se produjo al trabajar un material de manera diferente a la habitual para él; abandonó por un tiempo la pintura al óleo por la talla y el grafismo en madera. También sustituyó en sus composiciones a los símbolos más característicos de su producción anterior para explorar el lenguaje primordial de las formas embrionarias de la fertilidad y de los orígenes.

En estos temas arcaicos y orgánicos y en las fuerzas intuitivas e inconscientes, activas en la creación, tan opuestas a los principios más racionales, abstractos y geométricos de la época del Taller Alpuy, comenzó una fase más personal e inédita.

En el Poste de Gonzalo Fonseca, realizado en 1959, los símbolos recortados en madera, cargados de connotaciones mágicas, cuelgan de un poste de madera. Los artistas de este grupo tan interesados en el arte “primitivo”, no podían ignorar que en las sociedades tribales la religión y el rito constituyen el verdadero origen del arte. El símbolo fue sometido entonces a un proceso de recontextualización, deslindándolo de su anterior posición dentro de la estructura. En los Totems de Francisco Matto, los símbolos liberados de la grilla fueron colocados en pedestales, elevados de esta manera, aluden a objetos rituales, uniendo en una única forma y figura múltiples alusiones a los símbolos y expresiones artísticas de las civilizaciones antiguas, en ellas se yuxtaponen referencias a fuentes tan diversas como la cultura clásica griega (la Venus), el arte tribal (la máscara), y el arte precolombino (el caracol). Herederos de un legado complejo y rico, este grupo de artistas se destaca hoy por haber creado.

Cecilia de Torres,
1996 Nueva York