Los boletos no son únicos de nuestro país.
Se han utilizado en otros países de América,
como Guatemala, Honduras, Cuba, El Salvador, México,
Argentina, Colombia entre otros, y son conocidos genéricamente
como "fichas" o "Tokens"
Hacia mediados del siglo XIX la circulación monetaria en Costa Rica era
bastante heterogénea y escasa. Después de la independencia se adoptó el
sistema monetario español, compuesto por reales (plata), escudos y onzas
(oro). Sin embargo, el Estado costarricense fue incapaz de proporcionar la cantidad
de moneda necesaria para las transacciones comerciales, por lo que se recurrió a
la autorización de la circulación de monedas extranjeras, muchas
veces habilitadas por el gobierno a través de la acuñación
en ellas de resellos.
A partir de la década de 1840, el café inyectó moneda a
la economía costarricense, a través del financiamiento de las cosechas
con capitales provenientes del exterior. Sin embargo, la escasez de moneda propia
siguió siendo la constante, sobre todo porque el auge cafetalero provocó también
un aumento en el volumen de las transacciones comerciales, tanto internas como
con el exterior, del consumo, y por consiguiente en la necesidad de metálico
para realizar las mismas. Además, la especialización productiva
que se dio con el café generó un alza de precios de la tierra,
la mano de obra y los víveres, ya que una parte importante de la tierra
se dedicó al cultivo del café, lo que provocó que se dejaran
de cultivar los productos de consumo básico y se desarrollara un comercio
de víveres. En estas circunstancias, la producción de metales de
las Minas del Aguacate y la acuñación por parte de la Casa de
la Moneda fueron insuficientes para suplir el circulante necesario.
Como solución a la falta de moneda se adoptó la ya citada habilitación
de monedas extranjeras y la utilización de una especie de moneda privada,
llamada boleto, emitida por empresas privadas, inicialmente cafetaleras. La palabra "boleto" deriva
de boleta, especie de vale o contraseña. Era fabricado en diversos materiales
(bronce, cobre, latón, aluminio, baquelita, plástico, cartón,
etc.) y se entregaba a los cogedores de café por cada cajuela del grano
que recolectaban.
En Costa Rica, cafetaleros grandes, medianos y pequeños acuñaron
boletos que expresaban la cantidad en cajuelas de café, medidas y canastos,
los cuales se les entregaban a los cogedores, según la cantidad de café recolectado,
y éstos los cambiaban por el dinero correspondiente el día de pago.
Otros cafetaleros, dedicados también al comercio, pusieron valor a los
boletos sobre la base del sistema monetario vigente en cada época.
Se
emitieron en valores de ¼ de real, ½ real, 1 real; entre un centavo
y doscientos pesos, céntimos y colones. Estos podían ser utilizados
durante todo el año en los comisariatos, que pertenecían a los
dueños de las haciendas que emitían los boletos. Incluso muchos
otros comercios los empezaron a aceptar, dada la confianza y el respaldo de que
gozaban las empresas y personas que los emitían.
En los boletos podemos encontrar impresos los nombres de los caficultores o
de los dueños de las empresas que los mandaron a acuñar. En muchos
se grabaron representaciones de animales ( vacas, elefantes, cisnes, moscas, águilas,
etc.), árboles, barcos, canastos, escudos de armas de Costa Rica e incluso
efigies como el que emitió la Sociedad Alvarado Chacón, el cual
tiene por un lado el retrato de Santiago Alvarado Ramírez, único
caficultor conocido que grabó su imagen en un boleto.
Muchos otros boletos fueron más sencillos en su fabricación y grabados,
consistiendo en trozos de metal o plástico a los que se les imprimió sólo
las iniciales del caficultor y la denominación (1, ½, ¼ de
cajuela, por ejemplo).
Los boletos fueron utilizados en la economía cafetalera para realizar
diversas transacciones de compra-venta y pago de salarios. Estos permitieron
a los cafetaleros no sólo contar con el numerario necesario para cumplir
con las obligaciones salariales, sino también cuidar el dinero, de por
sí escaso, para realizar otro tipo de transacciones como en la inversión
de bienes de capital para la producción y procesamiento del grano.
En algunos casos, los boletos se convirtieron en un medio de explotación
del obrero agrícola, ya que sólo los podían utilizar para
adquirir productos en los comisariatos propiedad de los dueños, o en aquellos
con los que el propietario de la hacienda tenía algún convenio,
quedando circunscritas sus actividades al área de influencia de la hacienda.
De esta manera el emisor de los boletos tenía una doble ganancia: por
un lado, no utilizaba el dinero que escaseaba, el cual había conseguido
a través de un préstamo y que necesitaba para invertir en bienes
de capital para la producción, y, por otro, obtenía ganancias por
la comercialización de productos en los comisariatos. Así, los
boletos representaron una forma de autofinanciamiento. Pero, además, en
muchos casos el peón se veía favorecido con estas medidas, ya que
de no existir estos comisariatos, tenía que trasladarse una distancia
considerable para adquirir ciertos bienes de consumo diario.
Con el tiempo, los boletos fueron utilizados por otro tipo de empresas o negocios
para el pago de salarios o para sustituir monedas de baja denominación
necesarias para dar el cambio (vueltos), dada la escasez de moneda fraccionaria.
No existe claridad en cuanto a la fecha en que se empezaron a acuñar "boletos",
pero se conoce que para inicios de la década de 1840 ya circulaban con
el nombre de Gerónima Fernández. Su uso se extendió durante
el siglo XX, sobre todo en aquellas zonas en las que se desarrolló el
cultivo del café, hasta que fueron prohibidos por el gobierno de Costa
Rica en la década de 1970. Sin embargo aún hoy se utilizan en algunas
fincas, como una forma de llevar las cuentas del trabajo realizado por los peones
en las fincas cafetaleras, especialmente en cuanto a la recolección
del grano se refiere, siendo cambiados el fin de semana por su equivalente
en moneda nacional. |
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