Catálogos Completos
Antonio Saldaña: Último “Rey” de Talamanca
Lic. Patricia Fernández Esquivel
Lic. Fernando González Vásquez
La sociedad costarricense en general adolece de conocimiento y valoración de los procesos históricos acaecidos más allá del Valle Central. Priva aún el protagonismo asumido por la capital del país (Cartago en la colonia y luego San José) y las ciudades circunvecinas. Más aún, en lo que se refiere a “asuntos” indígenas (pasados y presentes), esfera en la cual prevalece la concepción de una sociedad “blanca” (en realidad mestiza) donde los indios son tema únicamente para la arqueología.
A lo anterior, se suma lo alejado de la región en que vivió y se desenvolvió el personaje objeto de nuestra atención: Talamanca, en la vertiente atlántica fronteriza con Panamá. Hoy como ayer, lo que ocurre en aquella latitud pareciera ajeno a los habitantes del resto del país, no obstante el avance en cuanto a vías y medios de comunicación se refiere. La distancia, más que geográfica, pareciera ser de índole cultural.
Con esta exposición se desea aportar conocimientos e imágenes acerca de la figura de Antonio Saldaña, el último cacique de Talamanca, con el objeto acortar distancias tanto en la dimensión temporal como espacial y cultural. Dicho esfuerzo forma parte de un intento por revalorar nuestras propias raíces.
Antonio Saldaña representa la transición de una sociedad amerindia (Bribris y Cabécares) tradicional y en armonía con su medio geográfico, a una sociedad duramente impactada por la “modernidad”. Esta última, en la forma de una economía de enclave, la del banano, que precisamente vino a echar sus cimientos en uno de los últimos reductos de resistencia indígena al dominio español.
Las luchas por la supervivencia física y cultural, que cotidianamente realizan los pueblos indios de Talamanca, son dignas de encomio. La organización de grupos en torno a intereses productivos y culturales ha sido el sendero elegido para enfrentar los retos actuales.
En medio de todo ello, la trascendencia de Antonio Saldaña recupera vigencia; por eso nos llena de satisfacción que esta exposición coincida con el interés de los talamanqueños por rescatar su papel y aporte a la cultura indígena.
Ambiente y cultura de Talamanca
Las llamadas “reservas” indígenas de los Bribris y Cabécares- genéricamente denominados Talamancas - en ambas vertientes de la cordillera, forman parte de la más extensa área de interés natural y cultural de Costa Rica, la Reserva de la Biosfera La Amistad, que tiene su continuación en el territorio de Panamá.
Esta inmensa extensión de reservas naturales e indígenas y zonas protegidas, con un total de 612.570 hectáreas (12% del territorio nacional) fue declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1983, debido a la riqueza del ecosistema que la hace única en el mundo. Esta área constituye sin duda, el mayor proveedor de oxígeno de Costa Rica y una incalculable fuente de recursos naturales.
La diversidad topográfica y climática, la riquísima variedad de especies animales y vegetales, la abundancia de ríos y del recurso hídrico en general, la amplia cobertura boscosa, definen la singularidad de este territorio. A lo anterior se suma la presencia de grupos humanos que a través de los milenios han logrado un profundo conocimiento del medio y el mejor provecho de éste para su supervivencia, sin poner en peligro el equilibrio ambiental.
La palabra Talamanca no es indígena, se debe a la fundación de la ciudad de Santiago de Talamanca el 10 de octubre de 1605 por parte de Diego de Sojo y Peñaranda, quien le dio ese nombre en recuerdo de su ciudad natal en Castilla: la villa de Talamanca en la provincia y diócesis de Madrid.
Al hablar de Talamanca, hacemos referencia a tres reservas indígenas (Talamanca Bribri, Talamanca Cabécar y Cocles) que cubren un área de 63,444 hectáreas, con una población aproximada de 5,200 habitantes: Este es el hábitat principal de Bribris y Cabécares en el Atlántico donde antaño estuvo la sede del cacicazgo de Antonio Saldaña: Túnsula.
La cercana relación del indígena con su medio natural, en este caso el bosque tropical húmedo, ha delineado la cultura tradicional de las etnias amerindias de Talamanca.
El sistema agrícola de subsistencia, llamado de “tala y quema” es rotativo, lo cual permite la recuperación del bosque. De ahí se obtiene el maíz, yuca, plátano, pejibaye, productos básicos que junto con la caza y la pesca constituyen la dieta indígena. El cacao y el plátano en las últimas décadas se comercializan a nivel regional.
El patrón de asentamiento es disperso con viviendas construidas con materiales tradicionales extraídos del bosque, aunque no necesariamente mantienen la forma cónica y multifamiliar antigua. Los medios de transporte usuales son el caballo y los botes de troncos utilizados en ríos.
Bribri y cabécar son los idiomas en que habitualmente se comunican los talamanqueños, aunque la mayoría domina también el español. A pesar de la existencia de escuelas en los territorios indígenas, la tradición oral tiene mayor peso en la transmisión de la cultura de padres a hijos.
Los awapa (curanderos o sukias) son especialistas a los cuales se recurre todavía para prácticas de curación. Son personajes respetados y reconocidos como depositarios de la tradición ancestral de su pueblo.
El trabajo colectivo, que se retribuye a través de la chichada, es aún hoy día la base del sistema económico pone de manifiesto la reciprocidad como norma; de igual manera, la mezquindad es repudiable socialmente por contraponerse a dicha norma. Sobre este concepto de reciprocidad se sustentan las demás relaciones sociales de los Talamanqueños.
El significado de “rey” para los indios talamanqueños
Rey, soberano, monarca, son términos transplantados del contexto europeo hacia la realidad amerindia, por tal motivo lo hemos entrecomillado en el título de la presente exposición. Meléndez (1993) sugiere que dicho título pudo ser adoptado por los talamanqueños de los zambos-mosquitos (descendientes de esclavos africanos e indígenas de la costa atlántica de Nicaragua), quienes daban esa denominación a su jefe.
Para los talamanqueños “rey” simbolizaba la “cabeza” del pueblo, en manos de quien recaían las decisiones más importantes; era un elemento asociador (cohesión social) por excelencia, quien marcaba la ruta del destino social. A nivel ideológico, se equiparaba a dios y al usëkoL (máximo dirigente político-religioso con poderes omnipotentes). El cargo era hereditario sobre la base de clanes especializados.
Los Bribris y los Cabécares se organizan en clanes matrilineales, es decir, la descendencia se traza por el lado de la línea materna, de ahí el término matrilineal. Los clanes, cuyo origen se imagina en un antepasado común, ya sea planta o animal, están organizados en dos mitades complementarias. Un miembro de un clan tiene la prohibición de casarse dentro del propio clan o con clanes afines. Se da la preferencia del matrimonio entre primos cruzados (una mujer se casa con el hijo del hermano de su madre, y viceversa).
En Talamanca se ha detectado en la actualidad la existencia de más de 50 clanes de habla bribri. (Bozzoli, 1979). La práctica de la poligamia ha sido común entre estos pueblos como parte de sus normas de parentesco.

La etnografía de los grupos talamanqueños nos refiere a jerarquías y especializaciones de actividades relacionadas con los clanes. En referencia a los Bribris, se sugiere que la jerarquía de los clanes se mantuvo hasta las primeras dos o tres décadas de este siglo.
"... los clanes tenían sus propios territorios y tareas asignadas específicas. Las tareas se heredaban en más de un clan. Que los clanes tenían trabajos específicos se manifiestan en la tradición y las historias. Estas mencionan las tareas de gobierno, ceremoniales, la manufactura de objetos de oro y otros trabajos”
(Bozzoli, 1979:64).
Las tradiciones orales relatan que, en el siglo pasado, los individuos llamados reyes eran bkLi, es decir, oradores que ejercían como mensajeros entre el useköL y la gente.
En bribri y cabécar el vocablo que significa rey es bLu que quiere decir ‘rico’ y se les describe como valientes guerreros. Las historias cuentan que los jefes político-militares o caciques siempre provenían de clanes bribris y que éstos se comunicaban con el useköL para todas las decisiones importantes, y que estaban a cargo de transmitirlas a la gente.
Dentro de esta jerarquía, los jefes sólo podían provenir de ciertos clanes. Del clan SaLwak o gente del mono colorado (Ateles sp.) descienden los últimos reyes o jefes máximos de los Bribris; Antonio Saldaña provenía de este clan.
En las narraciones tradicionales, se dice que el clan de Antonio venía de progenitores que tenían dos rabos, adelante y atrás y también ojos en la cara y en la cabeza, o que tenían dos cabezas. Como sus antepasados, los monos colorados, ellos eran fuertes y vencían a sus enemigos como los monos, colgándose de sus colas, escondiéndose y escapando; podían pegar muy fuerte con esos rabos (Bozzoli, 1979:45).
Dentro de esta compleja estructura social y política, es comprensible imaginarse el daño provocado al sistema cultural indígena al eliminar la figura de “rey”, quizás lo anterior pueda explicar, al menos en parte, los muchos desacuerdos y divisiones internas que en la actualidad existen entre los indígenas.
El estado costarricense y la dimensión política del cacicazgo
Continuos despojos territoriales y disputas limítrofes por parte del Gobierno de Nueva Granada (Colombia) que duraron más de un siglo (el último conflicto armado se dio en 1921 con la fijación de límites entre Costa Rica y Panamá), llevaron al Gobierno de Costa Rica a asumir un interés especial por la región de Talamanca a fin de asegurar la soberanía, a través de varios intentos de colonización y el establecimiento de guarniciones militares bajo diferentes administraciones presidenciales.
Paralelo a estos acontecimientos, Talamanca también representaba para los sectores económicos nacionales y extranjeros un territorio útil, donde se podían realizar actividades lucrativas, como la explotación minera, y la incursión en otras nuevas, como la explotación agrícola.
Los estudios que realizó William M. Gabb entre los años 1873 y 1874, a la par de los estudios geológicos, demostraron la capacidad y potencial productivo de la región:
“El café, el cacao y el azúcar se producirían en Talamanca en cantidades mayores que todas las cosechas actuales de la República, el día en que una población inteligente ylaboriosa se haya posesionado de aquella rica comarca “
(Ferrero, 1981:97).
Los hechos anteriores, unidos a la transformación en la esfera de mando, debido a la política administrativa del estado costarricense, incidieron en la desaparición de la alta jerarquía entre los indígenas talamanqueños y condujeron a una desestructuración que abarcó, sobre todo, a los clanes que tradicionalmente ejercían el mando.
Reflejo de esto es que desde mediados del siglo pasado, se presentaron disputas entre diferentes individuos emparentados que se consideraban con derecho a ser “reyes”. Así por ejemplo, en 1862, había tres caciques o reyes en Talamanca, el principal, Chirimo, y los otros, Santiago Mayas y Lapis. En el transcurso de la década siguiente hubo disputas de sucesión que terminaron en asesinatos, peleas, asaltos, desterramientos, y con la muerte de los tres. Por ley del 25 de julio de 1867, el poder ejecutivo dio el carácter de jefes políticos a los caciques de Talamanca.
Birche y Willie (William Forbes) primos de Santiago Mayas tomaron el poder después de la muerte de Lapis. Por supuesto abuso de poder, Birche fue removido de su cargo como jefe político por el gobernador de Limón.
A consecuencia de la destitución, en 1874 el gobierno decidió otorgarle un poder nominal y decorativo al cacique William (Willie) Forbes y el poder real al norteamericano John Lyon quien desde 1867 había sido nombrado como Secretario y Director de reducciones en Talamanca; este hecho demuestra el grado de injerencia del Estado en la administración autóctona o tradicional de los indígenas.
John H. Lyon, un antiguo oficial de la marina norteamericana, nacido en Baltimore, buscador de fortuna, se había establecido en Talamanca desde 1858. Casó con una indígena de la familia real; y su influencia y respeto entre los talamanqueños permitieron al Gobierno el manejo de los asuntos indígenas a través suyo.
William M. Gabb, geólogo norteamericano contratado por Henry M. Keith para estudiar la geología, topografía, historia natural y climatología de Talamanca, llegó a esta región en marzo de 1873, donde residió 17 meses. Gabb y Lyon son dos figuras que jugaron un papel clave en las relaciones político-administrativas que afectaron a los pueblos talamanqueños.
A este respecto es significativa la recomendación que externó el explorador William Gabb en cuanto a la persona debía administrar el orden en Talamanca en tiempos en que se daban los conflictos internos de poder:
“Que el verdadero poder de la jefatura quede investido en la persona del señor Lyon: que éste gobierne a los indios tan conforme con las leyes de la república como es posible en una comunidad salvaje y que suministre en períodos fijos informes detallados sobre los hechos de que sea responsable ante el gobierno”.
(Ferrero, 1981:102).
William Forbes fue destituido al ser acusado de asesinato y declarado en rebeldía por el gobernador de Limón, el cual nombró el 23 de mayo de 1880 al heredero del cacicazgo, Antonio Saldaña, sobrino de William Forbes, cuando apenas sobrepasaba los 20 años de edad (Fernández Guardia, 1975:218).
El nombramiento fue confirmado por acuerdo gubernativo el 24 de junio de ese mismo año.
La sede de su reinado fue Túnsula situado no lejos de Sipurio en las cercanías del río Lari, afluente del Sixaola. El nombramiento de Antonio Saldaña se enmarca dentro de estas luchas de sucesión.
Así, a través de una dominación pacífica por medio de autoridades nombradas y avanzadas evangelizadoras emprendidas regularmente a partir de Thiel, se dio una abierta persecución de las costumbres ancestrales: a los sukias se les equiparó con “brujos”, se prohibió el control natural de la natalidad a través de la herbolaria y de la práctica de la poligamia y del enterramiento secundario -que implicaba la fiesta de los huesos con gran consumo generalizado de chicha-; el “rey” iba perdiendo control sobre el libre curso de las costumbres más arraigadas de su pueblo.