Símbolo de prestigio y expresiones de rango en la Costa Rica prehispánica
Patricia Fernández Esquivel
Curadora de Arqueología
Museos del Banco Central
El éxito de las sociedades de rango depende de la habilidad de la elite, especialmente de los jefes, de generar y sostener la creencia de que ellos controlan todas las facetas de la vida, incluyendo la gente, los recursos naturales y lo sobrenatural.
La evidencia arqueológica demuestra que la organización social de las poblaciones prehispánicas de Costa Rica tuvo un desarrollo gradual, durante el cual se pudo dar la coexistencia de sociedades simples e igualitarias con sistemas de organización complejos.
La diversidad de formas de organización social en un territorio ya diverso en cuanto a su riqueza natural, fue el marco dentro del cual se desarrolló una vasta y compleja producción artesanal. Objetos de jade y oro, metates y estatuas de piedra y cerámica, casi todos como ofrendas funerarias en enterramientos de la elite, se consideran lo más sobresaliente del mundo precolombino costarricense; sin embargo, el aspecto sagrado, simbólico y sobrenatural de esos objetos no se reconoció sino hasta muy recientemente, como aspecto fundamental para comprender las formas de organización sociopolítica de estas sociedades.
Tratar de identificar los conceptos que de sí mismos tenían los dirigentes de esos pueblos, así como su expresión en objetos materiales, puede ser una herramienta de análisis viable en el estudio del desarrollo de su jerarquía social y de su complejidad sociopolítica.
La validación sagrada y simbólica de la jerarquía social era la base sobre la cual se sustentaban, moral y socialmente, las posiciones de acceso al liderazgo y a las labores de dirigencia, hecho en el cual radica el carácter teocrático de esas sociedades (Webster, 1976:815). Lo anterior no implica -siguiendo a Webster- que lo sagrado sea el origen del liderazgo político y económico, pues ese origen debería buscarse en diferencias preexistentes.
En las sociedades simples e igualitarias (tribales), las jerarquías internas surgieron por el acceso al conocimiento del mundo natural y sobrenatural.
En los sistemas de organización complejos (cacicazgos), la estructura social se basaba en linajes o clanes, con la idea de que todos los miembros descendían de un antepasado común. La presencia de un jefe se determinaba por herencia, de acuerdo con jerarquías clánicas. En este tipo de sociedades fue fundamental el desarrollo de mecanismos diversos para mantener la cohesión interna. Entre estos destacaban la guerra, rituales funerarios complejos, la presencia de especialistas diversos en el campo de las creencias y una marcada producción artesanal, la cual participó en sistemas de intercambio a escala regional.
A partir del año 500 a.c., cuando se presentaron las primeras evidencias de diferenciación social, el prestigio y el rango de los grupos dirigentes se basaba en la evocación de su origen clánico y en el conocimiento derivado de su relación con el mundo natural y sobrenatural. El acceso al conocimiento era el medio por el cual ciertos clanes reafirmaban su prestigio y, a la vez, su derecho a la posesión de los recursos económicos.
La elaboración mítica y simbólica que presentaba como natural el orden jerárquico de la sociedad se plasmó en múltiples objetos utilizados por los grupos dirigentes, ya fuera como ornamentos distintivos de sus cargos, o como reforzadores de sus funciones. El conocimiento esotérico contenido en esos objetos se fortaleció por medio del intercambio que se realizaba con los sectores dirigentes de otros grupos sociales, gracias al cual objetos locales y foráneos participaban en una compleja red de transmisión de conocimientos.
Gran parte de los objetos que han sido relacionados con los grupos dirigentes proceden, por referencia o por contexto arqueológico, de enterramientos o áreas arquitectónicas especiales dentro de las aldeas. Esos objetos se consideran símbolos de prestigio y de rango de los grupos dirigentes, y muestran los aspectos sagrados y simbólicos que validaban el liderazgo en las sociedades prehispánicas.
Se presentan a continuación, con detalle, los aspectos relacionados con la introducción tecnológica y con el desarrollo local de objetos de jade y metal, y la relevancia de estos como bienes de intercambio, ornamento y ofrenda entre los grupos dirigentes. Se incluyen también algunos aspectos del sistema de creencias, con el fin de identificar algunos conceptos simbólicos que justificaron y dieron validez a las posiciones jerarquizadas en diferentes períodos y en distintas formas de organización social.
Durante el período prehispánico, las relaciones de intercambio formaban parte de una compleja red de relaciones sociales por medio de las cuales se sustentaban jerarquías y se consolidaban relaciones entre grupos.
Arqueológicamente son numerosas las evidencias de intercambio de artesanías especializadas a escala regional. Los objetos de jade y oro, entre otros, son ejemplos claros de la recepción y adecuación de tecnologías adquiridas en esa dinámica de intercambio, fomentada por los grupos que ejercían, en diversos grados, el control social. Pero sobre todo, ponen de manifiesto la necesidad de manufacturar e intercambiar objetos que validaban el statu quo de los grupos dirigentes.Los objetos utilizados por la elite son considerados como sistemas de comunicación, pues al igual que el lenguaje, cuentan con un conjunto limitado de elementos básicos (signos) a partir de los cuales se generan mensajes con contenido simbólico. Se consideran sistemas de comunicación, en vista de que la cultura se compone de elementos simbólicos, y los atributos estilísticos de los objetos son manifestaciones de ese simbolismo. Un canal o sistema de comunicación es definido por Brillouin (1968:28-29) como el medio fisco por el cual la información es transmitida o almacenada en un objeto. La repetición de los mismos temas en diversos materiales tiene el propósito de enviar mensajes con un mínimo de error en presencia de cualquier tipo de interferencia que pueda distorsionar la adecuada recepción del mensaje.
| 1. Los objetos utilizados por la elite son considerados como sistemas de comunicación, pues al igual que el lenguaje, cuentan con un conjunto limitado de elementos básicos (signos) a partir de los cuales se generan mensajes con contenido simbólico. Se consideran sistemas de comunicación, en vista de que la cultura se compone de elementos simbólicos, y los atributos estilísticos de los objetos son manifestaciones de ese simbolismo. Un canal o sistema de comunicación es definido por Brillouin (1968:28-29) como el medio fisco por el cual la información es transmitida o almacenada en un objeto. La repetición de los mismos temas en diversos materiales tiene el propósito de enviar mensajes con un mínimo de error en presencia de cualquier tipo de interferencia que pueda distorsionar la adecuada recepción del mensaje. |
La tecnología del tallado del jade en Costa Rica tuvo su origen en la cultura olmeca, hacia los años 1000 - 900 a.C., por mecanismos que aún no se tienen del todo claros, aunque se supone que el intercambio de bienes "exóticos" pudo haber sido el elemento motor.
Se ha utilizado la palabra "jade" como nombre genérico para referirse a todas las piedras verdes de Costa Rica (Easby, 1968) y se ha incorporado el concepto de "jade social" para designar el trabajo en piedras semipreciosas que incluye piedras verdes y otros tipos como nefritas, serpentinas, ópalos y calcedonias, entre otras (Guerrero, 1998).
La abundancia de gemas verdes en ríos y playas, además de la existencia de materiales para el tallado y pulido como los pedernales y piedras de molejón (Reynoa rd, 1996:209), permitieron que esa tecnología fuera asimilada; sin embargo, las diferencias en las cosmogonías de los pueblos incidieron en que los símbolos foráneos no fueran integrados fácilmente en el repertorio local.
El sitio arqueológico La Regla, ubicado en el noreste del país con un fechamiento de 500 años a.c., contiene la evidencia más temprana del tallado y el uso de objetos de jade (Guerrero, Vásquez y Solano, 1992:45). Se trata de un colgante en forma de hacha que representa a un ave esquemática y que constituye una manifestación local de un tema representado en otros materiales, como la cerámica.
Los centros de manufactura del jade en Costa Rica se han concentrado básicamente en la región de Nicoya Guanacaste y en las llanuras del Caribe o planicies del Atlántico, aunque también se han encontrado objetos de jade en el sureste del país (Drolet, 1992; Corrales y Gutiérrez 1983). Las fuentes de jadeíta no han sido identificadas, pero se ha señalado el valle del río Motagua, en Guatemala, y cerca de la frontera con Honduras, como posible fuente de materia prima. La producción intensiva de objetos de jade se dio entre el 300 y el 700 d.C. (Guerrero, 1998).
La presencia de jades olmecas y mayas en enterramientos indígenas de Costa Rica pone de manifiesto la importancia dada a esos objetos exóticos por parte de los grupos dirigentes. Algunos jades mayas fueron retrabajados con iconografía local y otros fueron cortados o se les asignó un nuevo simbolismo. A los jades "cortados" se les conoce como "herencias", puesto que probablemente fueron seccionados para ser puestos como ofrendas en diversos enterramientos y quizás en relación con clanes específicos.
Pocos contextos arqueológicos señalan la utilización conjunta de objetos de jade y metal en ofrendas funerarias; están Finca Linares, en Guanacaste (Herrera, 1999) y el sitio Las Mercedes en la subregión Caribe (Skinner 1917). En estos sitios se dio gradualmente lo que se ha llamado una transición del jade al metal como símbolo de rango entre los grupos dirigentes (Snarskis, 1986, 1992, 1998). Formas de aves, ranas y sapos son las representaciones más comunes en ambos materiales, aunque esos motivos también aparecen en objetos de cerámica, concha y hueso (300-700 d.C).
El rompimiento de las rutas de intercambio a partir de la caída del imperio maya, hacia el año 900 d.C., ha sido considerado una de las causas de la declinación del uso del jade y de la consolidación de los objetos de oro como bienes suntuarios de intercambio y símbolos de rango de los dirigentes locales, en las sociedades tardías de organización más compleja (Guerrero, 1997; Reynoard, 1996; Snarskis, 1995, 1998).
El empleo de la tecnología del oro entre los grupos prehispánicos de Costa Rica, hacia el año 300 d.C., provenía del norte de Colombia y de Panamá (Bray, 1981,1992; Falchetti, 1995). La existencia de una relación constante con esos pueblos favoreció un aprendizaje de conocimientos y técnicas que derivó en adaptaciones tecnológicas y conceptuales en la metalurgia local (Badilla, Fernández y Ouintanilla 1997; Fernández y Segura 1998).
La práctica de la fundición y aleación de metales (oro-cobre], de técnicas de decoración como la filigrana fundida y de acabados superficiales como el dorado, "coincidió" con la tradición del trabajo tridimensional de períodos precedentes, como el tallado en roca volcánica y piedras semipreciosas y con la producción cerámica de gran complejidad plástica y gran dominio tecnológico.
Los orfebres prehispánicos de Costa Rica utilizaban como fuente de materia prima los yacimientos secundarios o placeres de ríos y playas y no hay evidencia de que haya existido una práctica de extracción en minas. Los afloramientos de cobre se concentran en la Región Central del país; sin embargo, no se ha establecido por el momento una relación directa entre esos afloramientos y los objetos manufacturados en la región [Castillo, 1997).
La presencia de ofrendas funerarias de oro en los entierros de Finca Linares (Región Central) muestra relaciones de intercambio entre regiones y hace pensar que la orfebrería en Costa Rica pudo ser más temprana de lo que se ha creído hasta el momento; además supone el desarrollo de estilos locales paralelos a los regionales.
Los hallazgos más tempranos de objetos de metal son del período 300-800 d.C, y están concentrados en el Atlántico Central en las Llanuras del Norte. Los estilos locales iniciales del Atlántico Central se caracterizan por figuras humanas doradas, elaboradas en tumbaga con altos contenidos de cobre . Se trata de figuras abiertas que fueron vaciadas sin el empleo de machos (núcleos). El no usar núcleos representa una adecuación tecnológica local, la cual tendía a incrementar el tamaño de los objetos y a reducir su peso, utilizando menos materia prima. Esta fue una característica presente en losDado que no hay claridad acerca de las minas de oro y cobre en Región Central es posible suponer dos posibilidades: la explotación local de yacimientos de cobre, lo que implicaría relaciones entre grupos por acceso a materias primas: la otra es la fundición de objetos foráneos. Ambas conjeturas deberán ser confirmadas en estudios posteriores, con el fin de esclarecer el origen de los metales usados en los objetos de los períodos tempranas (300 - 800 d.C.¡, que muestran estilística y tecnológicamente un tratamiento local.
| 2. Dado que no hay claridad acerca de las minas de oro y cobre en Región Central es posible suponer dos posibilidades: la explotación local de yacimientos de cobre, lo que implicaría relaciones entre grupos por acceso a materias primas: la otra es la fundición de objetos foráneos. Ambas conjeturas deberán ser confirmadas en estudios posteriores, con el fin de esclarecer el origen de los metales usados en los objetos de los períodos tempranas (300 - 800 d.C.¡, que muestran estilística y tecnológicamente un tratamiento local. |
estilos locales subsiguientes del Atlántico y del sureste, desarrollados a partir del 700 d.C. [Fernández y Segura, 1998).
Sin duda la "oportunidad" de tener acceso a una tecnología foránea que permitía continuar usando patrones de diseño y significados ya utilizados en otros materiales, además de contar localmente con fuentes de materia prima, facilitó el desarrollo de la orfebrería. En el sureste de Costa Rica (Subregión Diquís). se concentran los mayores yacimientos aluviales de oro en el país, y esa es, coincidentemente, la zona arqueológica donde los estilos metalúrgicos locales cobran mayor fuerza y donde se puede observar mejor cómo una tecnología "exótica" llegó a aplicarse en la elaboración de objetos utilizados por la elite.
Los contextos arqueológicos, tanto para el oro como para el jade, muestran que no existía una restricción de uso por sexo y edad, aunque sí evidencian un cierto grado de diferenciación social, probablemente basada en jerarquías adscritas a clanes o linajes (Guerrero, 1998; Reynoard, 1996). No obstante, en Costa Rica no todos los contextos de artefactos de metal muestran una distribución uniforme acerca de su utilización como marcadores indiscutibles de diferenciación social.
El contexto donde se usaban los objetos de oro, junto con su importancia ritual y simbólica dentro de determinadas formas de organización sociopolítica, determinaron el significado de distinción; no así el uso por sí solo, puesto que el valor como distintivo social puede variar de un grupo a otro en un mismo período de tiempo y/o a través del tiempo (Fernández, 1995:65).
¿Cómo citar este artículo?
Fernández Esquivel, Patricia. (1999). Símbolo de prestigio y expresiones de rango en la Costa Rica prehispánica (en línea). San José: Fundación Museos del Banco Central. Disponible en: http://www.museosdelbancocentral.org/contenido/articles/46/Articulos-/Paacuteginas1.html (año en que fue consultado XX, fecha en que fue consultado XX).