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Algunas nociones sobre simbolismo orfebre
Patricia Fernández Esquivel
Museo del Oro Precolombino
El hallazgo de objetos de metal en diversos sitios arqueológicos de Costa Rica pone en evidencia una de las artesanías de mayor relevancia en cuanto a desarrollo tecnológico, iconografía y función que desarrollaron los grupos precolombinos a partir del 500 d.C. y hasta el contacto con los europeos en el siglo XVI.
La mayoría de los objetos de metal que se han encontrado en Costa Rica proceden del Pacífico Sur. Esta región, junto con el noroeste de Panamá, conforma la subárea arqueológica denominada Gran Chiriquí; en esta subárea la metalurgia se desarrolló ampliamente dentro de sociedades que poseían cierto nivel de complejidad cultural, denominadas cacicazgos o sociedades de rango.
Estas formas de organización agrupaban a comunidades sedentarias con aldeas especializadas en actividades económicas, como la agricultura, la fabricación de objetos diversos, contaban con una organización relativamente compleja que incluía diferenciación social y centralización del poder.
Dentro de estas sociedades de rango con sistemas de creencias de tradición animistas basado en el culto a la naturaleza, la metalurgia cobró fuerza y miles de objetos serían ofrenda religiosa y funeraria, símbolos de poder y prestigio de las hélices, seres privilegiados que dominaban la unión entre lo social y lo sobrenatural y que tenían el derecho de llevar esos objetos sagrados hasta sus tumbas.
Los objetos de metal son una puerta al conocimiento del pasado y a la cultura de sus realizadores, en donde plasmaron sus mitos y sus creencias. Para los indígenas el oro tuvo un valor mucho más simbólico que material, empleándose para propósitos utilitarios e hicieron objetos tales como anzuelos, agujas, punzones, pinzas para depilar, remates de bastón.
Además de la cuidadosa elaboración y acabado de todos estos objetos, tienen todos en común su uso reservado a una clase especial de gente, una élite conformada por caciques, chamanes, guerreros.
Estos adornos eran utilizados como distintivos de rango para marcar simbólica, pero también visualmente, la distancia que separaba a la élite de la gente común. Esta distancia se acentúa aún más si le agregamos el sentido mágico y religioso de los metales:
Creen que en el oro hay una deidad, y así, por religiosa tradición de los antiguos, nunca van a esa ocupación [buscarlo] sin haberse purificado, como absteniéndose de la cohabitación marital y guardando mucha parsimonia en el comer y beber durante todo el tiempo de buscar oro.
(Pedro Mártir de Anglería, 1 64)
El significado simbólico que se le da al oro, refuerza su utilización como materia prima para la fabricación de insignias como distintivos sociales. En diversas reseñas de los cronistas del siglo XVI, son frecuentes las relaciones acerca de la forma de vestir de los guerreros y sus jefes como el que nos suministra Fernández de Oviedo (1951, p.141):
Cuando van a las batallas los indios en algunas provincias llevan caracoles grandes y algunos ornamentos de oro, en especial unas piezas en las cabezas y otras partes de las personas [... ]
Sin duda alguna, la ornamentación que acompaña a los guerreros y sacerdotes en actividades especiales, tales como la guerra, eran parte fundamental de estos personajes que para sus comunidades representaban la guía, protección y defensa. Dentro de este mecanismo visual de representación de cualidades de los dirigentes, los objetos de oro jugaron un papel importante, sobre todo en las sociedades tardías, hacia los años 700-1550 d.C.
Una categoría de objetos que mayormente se asocia con esta ornamentación marcadora de rango, son los referentes a discos o patenas como les denominaron los españoles en el siglo XVI. Estos discos fueron utilizados mayormente como pectorales los de mayor tamaño, y cosidos a los textiles, los de menor tamaño y peso.
Los motivos decorativos cónicos, repujados en alto relieve y con formas de animales, tales como saurios, así como las figuras humanas son los elementos de diseño más comunes.
De acuerdo con los relatos míticos de grupos indígenas actuales en Costa Rica, el significado de los elementos de diseño que acompañan a estos discos nos refieren a su posible función como identificadores y protectores de clanes.
En la tradición oral de los indígenas Cabécares que habitan cerca de la frontera con Panamá, todos los protectores de clanes vienen de donde nace el sol. Antiguamente cada grupo y cada persona dentro de un clan tenían una figura de hueso o piedra u oro que los simbolizaba.
Esta relación animista en donde hay una concepción de la naturaleza como unidad y totalidad, donde el ser humano es un componente más de la misma, sirvió de modelo para las concepciones mitológicas que sustentaban a formas de organización complejas en donde la elaboración simbólica de las relaciones entre los humanos y su entorno natural era utilizado como modelo en función de explicar procesos sociales.
De esta manera, las piezas de oro encierran un profundo contenido simbólico y expresan el pensamiento mítico de los grupos indígenas. Representaciones de una fauna variada y de hombres con atributos de animales, muestran la unión del mundo real y mítico.
Los animales siempre han tenido un sitio principal en el simbolismo religioso, por ser poseedores de una fuerza vital y un poder físico que sobrepasan a los humanos, como volar, tener garras, sobrevivir bajo el agua, son depositarios de múltiples significados mágicos y religiosos, por lo que se ubican en el ámbito de lo sagrado.
En el pensamiento indígena lo que interesa no es el animal en sí, sino sus cualidades esenciales. En la orfebrería costarricense, las aves, las ranas, los sapos, los saurios en general, son los animales mayoritariamente presentes en los diseños, ya sea como figuras individuales o formando parte de figuras humanas.
Dentro de la mitología aborigen costarricense se observa la predominancia del uso de animales como elementos principales dentro de los mitos, este hecho plantea la posibilidad de esbozar algunas nociones entre éstas y la iconografía del oro.
La evidencia arqueológica y etnohistórica de Costa Rica señalan rasgos de diferenciación social para el periodo comprendido entre los años 700-1550 d.C. Las tradiciones orales indígenas apoyan la existencia de especialistas de lo sagrado que, a nivel mitológico, poseían características sobrenaturales y, en el plano social, eran considerados diferentes por su papel especial.
Los sacerdotes ubicados en la cúspide de la jerarquía social, constituían el sector de la población que ejercía el privilegio de injerencia o dirección dentro del conjunto social, como se evidencia en la siguiente reseña que nos suministra Fernández Guardia (1975, p. 149) acerca de los indígenas talamanqueños:
Tienen ídolos y para la administración de su culto nombraban sacerdotes [ ... ] son tenidos en mucha veneración, considerando en ellos alguna cualidad divina, como profetas que les predicen las cosas futuras.
El concepto de sacerdote genéricamente denominado chamán en realidad corresponde a diferentes especialidades de lo sagrado dentro de los cuales podemos encontrar a curanderos, cantores funerarios, enterradores e incluso a autoridades políticas revestidas de carácter religioso.
Los chamanes o especialistas de lo sagrado estaban relacionados con los principios de la naturaleza, las características de los mitos sobre sus ancestros sagrados. Esta relación se establecía y reforzaba a través de las acciones rituales y de los objetos envueltos en estos rituales.
La utilización de cascabeles se relaciona a usos rituales más que como ornamento y diferenciador social. La acción del sonido y los efectos de luz producidos por el movimiento de los cascabeles debió haber servido como un mecanismo adicional en los rituales en que se requería entrar en trance hipnótico, tal como el practicado por los curanderos en los ritos de curación.
Este mismo efecto hipnótico puede asociarse a algunas piezas de oro que presentan placas colgantes que cubren figuras de compleja iconografía.
La elaboración del simbolismo animal es un aspecto importante en el arte precolombino en general. En la orfebrería, son llamativas las representaciones de fauna diversa en una variada gama de posturas y actitudes características de cada especie en concreto, con un enorme sentido narrativo.
La representación del lagarto, iguana o saurios en general, aparece en algunos casos formando parte de figuras compuestas, más que como animal individual. Esta representación se asocia mitológicamente con clanes de alto rango.
Otras representaciones faunísticas como el venado, las tortugas, las arañas, entre otros, aparte de tener una distribución muy amplia dentro del país, es muy posible que estén asociados a representaciones místicas relacionadas con la agricultura y ciclos de vida, en donde se enfatiza la renovación y la regeneración de la vida.
Los conceptos de transformación y regeneración son sistemas constantes en la iconografía orfebre, sobre todo en lo que se refiere a la transformación ligada al chamanismo.
Dentro de la concepción chamánica, los especialistas de lo sagrado tener la capacidad mítica de transformación que es permite poder entrar en contacto con Ios diferentes planos del universo tererrestre: agua, tierra, cielo, así como se traspasa las esferas sociales.
Las representaciones en oro de animales en forma compuesta, son expresiones íconográficas de un vasto slmbolismo referente a las propiedades sobrenaturales de los especialistas de lo sagrado. Las cualidades de fuerza, audacia y agilidad que los humanos han apropiado a ciertos animales, estos especialistas las adquieren en su transformación mítica. Esta transformación no es solo en su propia imaginación, sino también en la gente que los ve, que se espantan ante la superioridad de los seres míticos.
Los animales cumplen múltiples funciones dentro de la mitología, pero la más importante de ellas consiste en su papel como intermediarios entre las fuerzas superiores e inferiores dentro de la cosmovisión indígena. Esta intermediación se relaciona con su capacidad de poder traspasar las diferentes esferas del cosmos, traspaso que el chamán es capaz de realizar simbólicamente.
Cuantas más esferas de acción pueda tener un animal en su vida natural, mayor es su capacidad para ser utilizado como símbolo de este traspaso de esferas. Así por ejemplo, las aves son animales eficaces para este propósito, puesto que pueden estar en el aire, en la tierra, y en caso de algunas especies, en el agua.
Las representaciones en oro de aves planeadoras de vuelo prolongado simbolizan la capacidad mítica de volar del chamán, puesto que, para transformarse hay que volar dentro de la naturaleza, dentro del cosmos.
No es casual que dentro de la orfebrería de Costa Rica, uno de los motillos más ampliamente representados sea el motivo del ave con las alas extendidas y la cola ensanchada; si se toma en cuenta que la iconografía orfebre refiere básicamente a la representación simbólica de los especialistas de lo sagrado en su característica básica de ser transformador en el mundo natural, social y sagrado.
En Costa Rica, el término águila referido a objetos de orfebrería data desde los tiempos de la conquista; sin embargo, aunque no es posible generalizar esta especie para todas las representaciones orfebres, sí se observa una marcada tendencia a representar aves de rapiña o de comportamiento agresivo.
Los colgantes de ave con abundancia de ornamentos, con motivos de lagarto y serpiente entre otros, al igual que las figuras con elementos antropomorfos, recrean criaturas que enfatizan la unión simbólica entre rasgos mitológicos de dos o más animales asociados a figuras humanas, que refuerzan la concepción mítica que del chamán se tiene y de las funciones que este cumple dentro de la compleja estructura de pensamiento.
La capacidad mítica de transformación del chamán se ejemplifica también con la metamorfosis de las ranas, sapos, y en general, de todo animal que está sujeto a este proceso de transformación física.
El concepto de dualidad fue parte central del pensamiento de los pueblos que observaban en la naturaleza el cambio cíclico en donde la vida y la muerte están presentes. La idea de vida-muerte se entendía como un ciclo constante tal como se aprecia en la naturaleza y por extensión, en la vida del individuo y la sociedad.
Dentro de estos esquemas dualistas, las representaciones de las ranas y los sapos que tienen cabida con dos niveles de significación: fertilidad asociada al elemento agua y esterilidad asociada con la tierra y la muerte.
Entre los elementos de diseños asociados con estas figuras, encontramos como los más utilizados las espirales en sus diversas variantes que tienen una asociación simbólica con el agua relacionada con la fertilidad.
Las ranas también simbolizan la fertilidad en la agricultura, su croar anunciaba el advenimiento de las lluvias, el tiempo propicio para la siembra. Por otro lado, su silencio, su ausencia de las lagunas y riachuelos, significaba la iniciación del estío, la recolección. La rana anunciaba con exactitud las estaciones dentro de las cuales se debía laborar para alimentarse, para prolongar y renovar la existencia.
El opuesto simbólico de la fertilidad es la esterilidad. Las ranas y los sapos pasan en su ciclo natural de vida por estadios de hibernación, lo cual se relaciona simbólicamente con la infertilidad y la muerte.
Dentro de los ritos funerarios de los indígenas Bribris, los asientos eran parte importante para el desenvolvimiento de las acciones de los especialistas. Dada la capacidad natural de las ranas y los sapos de sentarse sobre sus ancas, con las patas flexionadas, se constituyen en un referente simbólico útil para ser usado en los mitos referentes a los enterramientos. En la mitología Bribri, las ranas y los sapos actúan como ayundantes de los enterradores, estos se sientan sobre los bultos mortuorios para que el alma del difunto no se escape.
Sin duda alguna, para los pueblos precolombinos la diversidad biológica del bosque tropical sirvió de marco para la elaboración de los sistemas de creencias mediante los cuales se explicaban el mundo natural que los rodeaba, y que, a su vez, servía de modelo para explicarse-justificar las relaciones entre los hombre y las formas de organizarse socialmente.
Referencias bibliográficas
ANGLERIA, Pedro Mártir: Décadas del Nuevo Mundo, México T.L., José Porrúa e Hijos, 1964.
FERNÁNDEZ GUARDIA, Ricardo: Reseña Histórica de Talamanca, San José, C.R.
Editorial Costa Rica, 1975.
FERNÁNDEZ DE OVIEDO, Gonzalo: Sumario de la Natural Historia de los. Indios, México, Fondo de Cultura Económica, 1951.
¿Cómo citar este artículo?
Fernández Esquivel, Patricia. (1998). Algunas nociones sobre el simbolismo orfebre (en línea). San José: Fundación Museos del Banco Central. Disponible en:
http://www.museosdelbancocentral.org/contenido/articles/46/Articulos-/Paacuteginas1.html (año en que fue consultado XX, fecha en que fue consultado XX).